Esa misma noche llego a casa, con Boris en brazos. Nada más
cruzo la puerta, mi padre viene corriendo a mi encuentro y me abraza, para
luego observar a su nieto.
-Selena, ¿cómo estás?-pregunta con dulzura.
-Muy bien, papá. Mejor de lo que pensaba.
-Me alegro. Ve a tu habitación y descansa, que te hará
falta. Yo me encargo del pequeño.
-Gracias papá. Tómalo. Si llora, no dudes en traérmelo,
mayormente porque no creo que duerma. Por cierto, ¿dónde está mamá?
-Ha ido a visitar a una amiga.
-¿Se fue hace mucho?
-Sí, ya hace una hora. No creo que tarde en llegar. ¿Por
qué? ¿Qué pasa?
-Nada, tranquilo. Necesito hablar con ella. ¿Le puedes decir
que venga a mi habitación cuando llegue?
-Claro que sí princesa. No te preocupes.
Me dirijo pues a las escaleras que conducen a mi cuarto,
pero no subo ningún escalón, pues de repente se me viene una pregunta a la
mente.
-Papá, ¿qué haces aquí?
-¿Perdona?
-Sí, ¿qué haces aquí? Es decir, desde que te divorciaste de
mamá no has venido nunca a casa, siempre he tenido que ir yo a la tuya.
-Tu madre me pidió que viniese por si regresabas. Además
quería ver a mi nieto. ¿Acaso no puedo?
-Claro que sí, papá. Perdona, pero es solamente que me ha
extrañado que hayas venido. Te he echado mucho de menos. Cuando esté más
descansada hablaré en condiciones contigo, ¿sí? Te quiero.
-Y yo a ti, hija mía.
Le dedico una de mis mejores sonrisas, y subo las escaleras
para encerrarme en mi cuarto.
Me tumbo inmediatamente en mi cómoda cama, y abrazo mi
peluche favorito, un pequeño pero lindo perro marrón. Es un peluche que tuve
desde que era un bebé, por eso le tengo tanto aprecio. Echo una rápida mirada a
la habitación. En la blanca pared están colgados pósters de mi grupo preferido,
The Beatles, además de tener cuadros, ya que soy una amante de la pintura. En
las estanterías siguen estando mis preciados libros, y sobre mi escritorio se
encuentra el pequeño portátil que me regaló Eder por Navidades. Eder, mi Eder,
¿dónde estaría? ¿Por qué no ha respondido a mis mensajes ni a mis llamadas?
¿Estará bien? La preocupación me abruma,
y no puedo más que estar inquieta. Para tranquilizarme cojo el libro que me
estoy leyendo, Desde mi cielo, de la
autora Alice Sebold. Intento leer mas no puedo. Intento distraerme, pero en mi
mente sigue permaneciendo la preocupación. Maldita sea. Así pues le mando otro
mensaje, acompañado de tres llamadas, pero nada. Sin noticias.
De repente, la puerta empieza a abrirse, y tras ella aparece
mi madre, con una sonrisa pintada en la cara.
-Cariño, ¿cómo te encuentras?
-Mal mamá, mal.
-¿Y eso? Tu padre me
ha dicho todo lo contrario.
-Pasa, por favor, y sientate a mi vera. Te necesito.
Mi madre, ahora llena de preocupación, cierra la puerta tras
de sí y se sienta junto a mí en la cama. Me coge la mano y comienza a hacerme
caricias, para tranquilizarme supongo.
-¿Qué pasa? Dime.
-Oh, mamá. Eder, Eder…-unas lágrimas comenzaron a brotar de
mis ojos y a deslizarse por mis mejillas.
-¿Qué le ha pasado a Eder? ¿Algo malo?
-No lo sé. No lo sé. Mamá, hoy cuando vino a hacerme una
visita al hospital, lo noté raro. Se quedó apenas diez minutos y no tenía el
semblante muy alegre. No se alegró de ver a Boris. ¿Crees que me odia? Encima
lo llamé veinte veces por lo menos y le mandé no sé cuántos mensajes, pero no
contesta. ¿Qué voy a hacer?
Seguí llorando, pues no podía evitarlo. El miedo y la
preocupación me corroían por dentro.
-Ante todo, tranquilizate. Así no vas a arreglar nada. Y
ahora contesta a mis preguntas. ¿Cómo que no estaba alegre al ver a su hijo? ¿Tuvisteis
una discusión? ¿Desde cuándo no tienes noticias suyas?
-Qué va mamá. Pero no es el mismo desde hace ya unos dos
meses, sin embargo, hoy se ha comportado peor aún. Me ha prohibido que trabaje.
Ya me ha dicho que de eso se encarga él, y que se pasará aquí los viernes y
sábados por la mañana si puede para estar con Boris. Y desde ayer por la tarde
no sé nada de él.
-Espera, ¿has dicho que solamente va a venir dos días y ni
siquiera enteros para ver su hijo?
-Sí, eso he dicho.
-Está bien, ya sé lo que le pasa.
Aliviada en esos instantes por el mero hecho de saber que mi
madre tenía la respuesta a mis preocupaciones, dejo de llorar.
-¿Sí? ¿Y qué es?
-Que no está preparado para ser padre, tiene miedo y huye.
Es un cobarde. Y por eso mismo te evita. Cuando pueda yo hablar con él se va a
enterar.
Me quedo en silencio,sorprendida ante la respuesta de mi
madre y la reacción tan violenta que ha tenido. ¿Estaba diciendo que Eder no
quería haber tenido un niño? Entonces, cuando comentábamos qué hacer con Boris,
¿por qué jamás me dijo que no quería ser padre?
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